¿Es la fructosa realmente buena para la salud?

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Hace algunos años, algunos profesionales de la salud recomendaban fructosa a los pacientes diabéticos, ya que ésta no aumenta los niveles de azúcar en la sangre como otros azúcares. Sin embargo, Ahora sabemos que debido a la forma en que la fructosa se metaboliza en el cuerpo, el exceso de ella puede llevar a la gente a tener resistencia a la insulina, triglicéridos altos, hígado graso y más.

Los edulcorantes comerciales y otras fuentes de carbohidratos, como las frutas, contienen grados variables de los azúcares simples, fructosa y glucosa. (Una excepción a esta regla es la fructosa cristalina, un edulcorante derivado del maíz, que es 100 por ciento de fructosa). El jarabe de maíz de alta fructosa (HFCS, por sus siglas en inglés) suena como si fuera 80-90% de fructosa, pero el tipo más común de HFCS usado en bebidas y alimentos es 55% Fructosa y 45%  glucosa, el cual no es muy diferente de la mezcla 50/50 en azúcar de mesa regular.

Nuestros cuerpos están diseñados para procesar la fructosa en su entorno natural, eso quiere decir que es cuando está acompañado de fibra y otros nutrientes saludables que se encuentran en la fruta entera, que a su vez, es de bajo consumo en nuestro país. Lamentablemente el HFCS y el azúcar se añaden a innumerables alimentos y bebidas, y nuestra ingesta de ambos se ha ido hasta las nubes. Añádele a eso, las cantidades de frutas, de zumos de fruta, de “smoothies”, alimentos endulzados como cereales; la ingesta de fructosa ha aumentado considerablemente. Nuestro consumo actual de fructosa se ha quintuplicado en comparación con hace cien años, y se ha más que duplicado en los últimos 30 años. A nivel mundial, Chile es el tercer país con mayor consumo per cápita de bebidas refrescantes, luego de EE.UU y México. Desafortunadamente, las cantidades altas de fructosa se consumen en forma líquida, conduciendo a consecuencias en la salud.

Metabolismo de la fructosa
fructosaLa fructosa no estimula la insulina, que a su vez no suprime la grelina (la “hormona del hambre”) y no estimula la leptina (la “hormona de saciedad”), lo que significa que puedes consumir una enorme cantidad de fructosa sin que tu cerebro se dé cuenta que estás lleno. Así, sigues comiendo o bebiendo cosas dulces.

La fructosa que comes va directamente al hígado, el órgano primario que puede metabolizarla. Luego el hígado convierte la fructosa en triglicéridos (una forma de grasa), que se almacenan en el hígado y también se liberan al torrente sanguíneo. Los altos niveles de triglicéridos en la sangre son un factor de riesgo grave para enfermedades cardíacas, mayor o igual a 150 mg/dL es un parámetro para síndrome metabólico.

La fructosa se descompone en el hígado como el alcohol y produce muchos de los mismos efectos secundarios del consumo crónico de alcohol, incluyendo hígado graso y la acumulación de grasa abdominal. El consumo de fructosa a lo largo plazo puede llevarte a generar resistencia a la insulina o tener picks muy altos de la misma, debido a que muchos alimentos no solo contienen fructosa, si no que también azúcar, que promueven el aumento de peso y son factores subyacentes de la diabetes tipo 2, síndrome metabólico, pancreatitis o enfermedad cardíaca. El metabolismo de la fructosa también conduce a la acumulación de ácido úrico, que causa la gota y aumenta la presión arterial. Además, las células cancerosas prosperan con fructosa.
Para decirlo simplemente, la fructosa, el componente dulce en el azúcar y otros edulcorantes, es la principal causa de enfermedades metabólicas crónicas-

Tener una dieta baja en fructosa
clementine.jpgLa lección que aprender de todo esto es bastante simple: Para detener los peligrosos efectos sobre la salud de la sobrecarga de fructosa, tienes que disminuir la fructosa de la dieta y leer las etiquetas, para evitar aquellos que contengan jarabe de maíz de alta fructosa, por ejemplo.

Estos son algunos consejos:

* Hay alimentos que no contienen fructosa, carnes sin marinar, pescado y huevos;  las grasas buenas, como las paltas, nueces y aceite de oliva.

* Conoce tu frutas. Todas las frutas frescas contienen fructosa, pero algunas contienen más que otras. Las frutas altas en fructosa incluyen: mangos, uvas, peras y manzanas. Consúmelos con moderación. Las frutas de bajo contenido de fructosa incluyen: frutillas, frambuesas, moras, pomelo, clementinas, mandarinas, limones y piña.

* Modera las frutas secas incluyendo pasas, higos, damascos deshidratados y bananas, por lo general le agregan fructosa para mejorar su sabor.

* Modera los jugos de fruta. Parecen saludables y se les ha hecho mucha publicidad, pero son fuentes concentradas de fructosa y dejas afuera la fibra.

* También evita las bebidas azucaradas y edulcorantes concentrados, incluyendo edulcorantes naturales como la miel o el néctar de agave .

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Fuente: Scielo/BetterNutrition magazine/Nhlbi/diabetes.org
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